domingo, 2 de mayo de 2010

APELLIDOS AZKHENAZIES

Es seguro decir que a través de la historia judía, hasta la revolución francesa y el derrumbamiento de los muros de los ghettos, la mayoría de los judíos no contaban con un apellido tal como nosotros entendemos el concepto.
Los sabios de la Mishnah y el Talmud eran conocidos por su "primer nombre ben nombre del padre". Así, por ejemplo: Judah ben Samuel, Ha-Hasid; Baruch ben Samuel, etc.
Ashkenaz es el nombre aplicado a las comunidades judías de Alemania, Francia y Bohemia. La judería ashkenazi también incluía a los judíos de Polonia y Rusia, la mayoría de los cuales provenían de Alemania. El hecho más contundente que los definía era lo que hoy se conoce como yiddish, un dialecto derivado principalmente del alemán medio, y todavía hoy hablado por algunos judíos ashkenazim.
En los documentos ashkenazim alemanes, pocos apellidos se mencionan. En los documentos oficiales hebreos (tal como un 'get' -- divorcio) solo los nombres usados por judíos y entre judíos eran admitidos, para que el documento fuese "kosher". Cuando distintas personas con el mismo nombre hebreo (una fuerte posibilidad!) se veían involucradas en un divorcio, nombres de familia suplementarios (apellidos) se adicionaban.

De acuerdo con esto, los apellidos en los documentos del norte de Europa aparecían en forma esporádica antes de la segunda mitad del siglo XVIII.
Con el advenimiento del nuevo orden, los gobiernos de los ducados, pequeños reinos y otras entidades políticas se enfrentaron al problema financiero y administrativo de contabilizar los impuestos de estos nuevos "ciudadanos". Esto creó un serio problema de tipo legal. Por ejemplo, cómo identificar varios casos donde el titular de la casa tenía el mismo nombre - Isaac ben Jacob.
Es una ironía de la historia judía que el Emperador de Austria, José II, hijo de la archi antisemita María Teresa, fanática legalista que no soportaba a los judíos, fue un muy tolerante y liberal administrador. Él permitió a los judíos aprender tareas manuales, para emplear en agricultura y comercio al por mayor, y los admitió en las universidades y el ejército. En 1787, promulgó un edicto ordenando a los judíos de Galitzia y Bukovina adoptar permanentemente apellidos, el primero en dictar tal norma en Europa.

Luego Prusia ocupó Varsovia desde 1794 a 1806 e impuso pronunciación alemana a los apellidos judíos.
Las leyes ordenando a los judíos a adoptar apellidos pronto se instauraron también en Frankfurt, Baden, Westfalia y otras comarcas.

En 1808, Napoleón decretó una norma similar para todo judío en su imperio.

En el imperio ruso, el Zar Alejandro inició esta política en 1804, finalizándola en 1845.

Estas nuevas regulaciones se implementaban para facilitar el cobro de impuestos y la conscripción de soldados judíos.

Para el gobierno oficial a cargo, el registro de apellidos judíos abrió un nuevo camino para obtener dinero de los judíos.

Los apellidos con sonidos delicados derivados de flores y piedras preciosas, tales como: Rosenthal, (valle de rosas), Lilienthal (valle de lilas), Edelstein (hermosa piedra), Diamant (diamante), Saphir (zafiro) tenían un alto precio. Aquellos que no podían pagarlos, tuvieron que adoptar apellidos como Schmalz (pasto), Singmirwas (cantame algo), Eselkopf (cabeza de burro), etc. La política fue de "germanizar" los apellidos.En aquellos lugares donde los judíos pudieron manejar la situación, y escapar de la intervención gubernamental, otras fueron las soluciones adoptadas.1. Casta o función
Uno de los procedimientos populares fue el de aprovechar su función o casta religiosa, por ej. Kohen y sus variadas formas tal como:
· Cohen · Katz (de kohen tzedek) · Kaplan · Kagan · Kahan · Kahn · KohnstammUna creencia popular respecto de los kohanim y sus cabellos ondulados, dio lugar a apellidos tales como : · Kraushaar (aleman por cabello rizado) · Duchan · Duchen · Duchin (de "dukhening" yiddish por el ritual de bendicion de los kohanim) Levi y sus variadas formas: · Levy · Levin · Levine · Levinsky · Levitansky · Levitsky · Levinson · Levitt · Segal (una abreviatura de segan levi, "ayudante del levita") variaciones de Segal son: · Zoegell · Chagall · Segalowitch2. profesiónLas ocupaciones fueron una importante fuente para determinar los nuevosapellidos:· Cantor, kantor, y Singer· Fleischer y Fleischmann (carnicero) · Beck, Becker, Backer, Baker(panadero)- Pekarsky en ruso es pekar = panadero· Breuer (cervecero)· Weber (Tejedor)· Kramer (comerciante)· Wechsler (cambiador de dinero)· Goldschmidt (goldsmith)· Brenner (destilador)· Gerber (curtidor)· Shub, (de shojet-u-bodek (carnicero e inspector)· Schechter (carnicero ritual)
· Resnick (eslavo para carnicero)· Lehrer (profesor)· Schneider (sastre)· Saltzmann y Saltman y Saltzman (especiero)· Farber (pintor)· Sandler y Schuster (zapatero)· Fiedler y Fiddler (violinista)· Grajek (pulidor) (Geiger en aleman)· Gottesdiener (el que sirve a D-os),(Hegedus en hungaro)· Wassermann y Watterman (aguatero)3. patronímicosEl camino mas simple de escoger un apellido fue el de crear un patronímico sumando el sufijo -sohn en alemán, -vitch en ruso, también -ov, -off, -eff, y -kin denotando "descendiente de..".Del padre:· Isaac -- Isaacs, Isaacson, Itzik, Eisen· Jacob -- Jacobs, Jacobsen, Jacobson, Jacubson, Jacobowitz, Jacubowitz· Abraham -- Abrams, Abramson· Mendel -- Mendelson
· David -- DavidsonDe la madre:· Sarah -- Sarasohn, Sarlin, Sarkin· Greta -- Gretz, Graetz· Rivka (rebeca) -- Rivkin· Batya -- Baskin, Basin· Hora (en checo montaña) -- Horovitz· Man, Manis, Manes, Mannes -- Manischewitz· Margaret -- MargarettenAlgunas veces un apellido reunía a ambos padres o se vinculaba con la esposa:· Dienesman ("marido de dinah")· Hodesmann ("marido de hadassah")· Perlman ("marido deperl")4. lugar de origenMuchos judíos tomaron sus apellidos de su lugar de origen, así nosotros encontramos innumerables provincias, ciudades, villas, pueblos, sobre todo en Alemania, Austria, Rusia occidental, Hungría y otros países que dieron apellidos como :· Auerbach· Bamberger, Baumberger· Brody· Dreyfuss (degeneración del término alsaciano de Treves)· Dresner (Dresden)· Spiro (Speyer,tambien Shapiro)· Lasker· Horowitz (eslavo: Gurovitz, Gurevitz)· Frankfurter· Wiener (Viena)· Landau (de Londres)· Pinsky, Pinsker (de Pinsk)· Frank (de Franconia) -- algunos consideran que proviene de Frankel, un sobrenombre para Efraim· Schwab (de Swebia)· Pollack (de Polonia)· Littauer (de Lituania)· Schlesinger (de Silesia)No siempre es fácil determinar si un apellido en particular proviene de un pueblo o no. Así, Steinberg, Goldberg, Greenberg, y Rosenberg podrían ser nombres de lugares reales, mientras que Levinstein y Aronthal no. El hecho de tener el apellido de un lugar físico no obligatoriamente quiere decir que el apellido provenga de ese lugar. El apellido Berlin no tiene, en la mayoría de los casos nada que ver con la ciudad alemana. Es en realidad un patronímico de Ber o Berl. Berlin simplemente significa "el hijo de Berl".
Así también el apellido London es realmente la palabra hebrea "lemden" (instruído, educado) por medio de la cual el portador fue conocido en la comunidad judía. Pero la autoridad legal confundió London con Lemden.Un grupo de apellidos nace de las características de la vivienda en que residían, ya que las calles tenían nombres pero no números, así:
· Wolf (lobo)· Lion, Lyon, Leon (leon)· Apfel (manzana)· Blum, Bloom, Blumenfeld (flores)· Spiegel (espejo)· Adler (aguila)El más prominente, por supuesto, fue Rothschild (escudo rojo ).5. Acrónimos de letras hebreasEjemplos:· Schach (de Shabat Kohan)· Bach (de bet chadash)· Malbim (de Meir leib ben Jehiel Michel (rabino y estudioso de la Biblia)· Brann (de Ben rabbi Nahman)· Braff (de Ben rabbi Feivel)· Bash y Basch, (de Ben Shimshon)· Brasch (de Ben rav Shimshon)· Metz y Matz (de Moreh tsedek)· Schalit y Shalit, (de sheyihye le-orekh yamim tovim)· Wallach, (de veahavta le-reyakha kamocha)6. TraduccionesAlgunas veces el apellido surgió de la traducción en el idioma vernáculo: La idea de "paz" (de Salomon y Shalom fue transformada en el nombre Fried y Friedman; así se obtiene:
· Shalom - Friedman· Gedaliah - Grossman, Groisman, Grussman· Itzik - Lachman, Wachman· Tuviah - Goodman, Gutman,· Shimshon - Starkman· Meir - Lichtman, LichtOtros casos de interés podrían ser:· Gross o Grois o Rojs - grande; Grosz o Nagy (hungaro); Duzy (polaco)· Gold y sus derivados - Zlato (ruso/polaco); Aranyi (hungaro)· Einstein - patronimico de "ein" (hayim)· Einhorn - unicornio (aleman)· Rubin y sus derivados - rubí (piedra de la tribú de Reuben)· Pomerantz - naranja (ruso y polaco)· Margolis y sus derivados (margalit) - perla· Frank o Frankel o Frenck - sobrenombre para Efraim· Okin u Okun - (ruso) (perca, pez de agua dulce)Los nombres Alter y Altman (hombre viejo) provienen de un segundo nombre dado a menudo a un niño nacido póstumamente o nacido después de la muerte de un hermano/a, para prevenir el mal de ojo.En algunos casos, los nombres fueron simplemente inventados, en otros fuerontomados de caracteres de la literatura popular (Sternberg, Morgenthau). En muchas comunidades en Hungría, los judíos fueron divididos en cuatro grupos, y a cada grupo se le asigno un nombre:
· Weiss (blanco)· Schwartz (negro)· Gross (grande)· Klein (pequeño), respectivamente.Incluso el servicio de Inmigración y naturalización tuvo injerencias, cambiando y americanizando los apellidos europeos. Muchos Cohen no son realmente cohanim. Si el apellido original tenía un sonido difícil de pronunciar o escribir, el empleado de Ellis Island lo reemplazaba por "Cohen", si el nombre comenzaba con "k". Así como también por Levi/Levy si el apellido resultaba difícil y comenzaba con "l." En muchos casos, donde el apellido original tenía muchas sílabas, el empleado simplemente registraba la primer sílaba del mismo y el resto lo truncaba.Hollywood también ha tenido su efecto negativo en los nombres judíos. Muchos actores y actrices cambiaron sus nombres para atraer una mayor audiencia y evitar ser discriminados por su judaísmo. Así los nombres cambiaron de "Milton Berlinger" a "Milton Berle", "Fanny Borach" a "Fanny Brice", "Isse Danielovitch" a "Kirk Douglas", "Julius Garfinkle" a "John Garfield", "Emanuel Goldberg" a "Edward G. Robinson", "Joseph Levitch" a "Jerry Lewis", "Judith Tuvim" a "Judy Holliday", "Asa Yoelson" a "Al Jolson", "Theodosia Goodman" a "Theda Bara", "Sonia Kalish" a "Sophie Tucker", "Isidor Iskowitch" a "Eddie Cantor", "Irving Lahrheim" a "Bert Lahr", "Israel Baline" a "Irving Berlin".

7. Los apellidos en IsraelLuego de discutir los apellidos en la diáspora, volvamos a Israel y exploremos el cambio de los nombres israelíes mas comunes. Muchos nombres volvieron de la diáspora con algunos cambios cosméticos, tanto por traducción, o recorte en su largo o perdida de sufijos tales como "vich," "witz," etc. El mas prominente y familiar personaje es "David ben-Gurion, cuyo apellido original era "Green". El uso las consonantes "g," "r," y "n" y escogió el nombre de un antiguo líder palestino "gurion".
El segundo primer ministro israelí, Isaac ben-Zvi, fue originalmente Isaac Shimshelewitz, hijo de Zvi Shimshelewitz. El cambio por Isaac ben-Zvi, usando el nombre de su padre. Moshe Chertok, primer ministro de relaciones extranjeras, usando las consonantes de su nombre se convirtió en Moshe Sharett .El primerministro, Levi Eshkol, originalmente se llamaba Levi Shkolnik. El conocido historiador Michael Friedman se convirtió en Michael Ish-Shalom (hombre de paz).El nombre Goldberg tiene muchas permutaciones: Har-Zahav, Harpaz, Ophir, Pazy, Zahavy. Shimon Peres fue originalmente Shimon Persky. Morgenstern se convirtió en Shahar (amanecer) o Ben-Shahar, Gottesman se convirtió en Yedidyah (el amigo de dios). Es así como los apellidos judíos aún está sufriendo modificaciones y se están adaptando a los tiempos modernos.
Pero con el estado de Israel y un mundo mas civilizado, los nombres judíos están cambiando naturalmente, por razones significativas, no debido a fuerzas externas, o temores internos, sin cambios forzados, extraños o sin sentido.
Isaac Goldberg 16/9/96© 1996 Arlington-Fairfax Jewish Congregation

==================================================================== Nombres verdaderos de judios conocidos:
Woody Allen --- Alan Stewart Koenigsberg June Allyson --- Ella Geisman Lauren Bacall --- Betty Joan Perske Jack Benny --- Benjamin Kubelsky Irving Berlin --- Israel Baline Milton Berle --- Milton Berlinger Joey Bishop ---Joseph Gottlieb Karen Black --- Karen Blanche Ziegler Victor Borge --- Borge Rosenbaum Fanny Brice --- Fanny Borach Mel Brooks --- Melvin Kaminsky George Burns --- Nathan Birnbaum Eddie Cantor --- Edward Israel Iskowitz Jeff Chandler --- Ira Grossel Lee J. Cobb --- Amos Jacob Tony Curtis --- Bernard Schwartz Rodney Dangerfield --- Jacob Cohen Kirk Douglas --- Issue Danielovich Demsky Melvyn Douglas --- Melvyn Hesselberg Bob Dylan --- Bobby Zimmerman Paulette Goddard --- Marion Levy Lee Grant --- Lyova Geisman Elliot G ould --- Elliot Goldstein Judy Holliday --- Judith Tuvim Al Jolson --- Asa Yoelson Danny Kaye --- David Daniel Kaminsky Michael Landon --- Michael Orowitz Steve Lawrence --- Sidney Leibowitz Jerry Lewis --- Joseph Levitch Peter Lorre --- Lazlo Lowenstein Elaine May --- Elaine Berlin Yves Montand --- Ivo Levy Mike Nichols --- Michael Peschkowsky Joan Rivers --- Joan Molinsky Edward G. Robinson -- Emanuel Goldenberg Jane Seymour --- Joyce Penelope Frankenburg Simone Signoret --- Simone-Henriette Kaminker Beverly Sills --- Belle Silverman Sophie Tucker --- Sophia Kalish Gene Wilder --- Gerald Silberman

KERIAT SHEMA


LOS TRECE PRINCIPIOS DEL JUDAISMO


INMIGRACION SEFARDI, DE ESTAMBUL A GENERAL VILLEGAS

No todos los inmigrantes sefaradíes que llegaron a la Argentina, pudieron instalarse en grandes centros judíos este reportaje a Salvador Cohen es un ejemplo.- Salvador, ¿de dónde vinieron tus padres? - Mi papá, Mair Cohen y mamá, Raquel Cohen (no eran parientes) se cono-cían de Magnasía (hoy Manisa), un pueblo cercano a Esmirna, Turquía. Papá llegó a la Argentina alrededor de 1910 y ella por 1921. Se casaron en Buenos Aires, donde yo nací el 31 de julio de 1923.- ¿En qué trabajaba tu papá? - A su llegada a la Argentina él se instala en Gral. Villegas, Pcia. de Buenos Aires, con un negocio de zapatillas, telas y ropas. Lo ayudaban mi tío Aarón, (hermano de mamá que llegó de Turquía por 1910) y mamá, que también hacía los trabajos de la casa. Los miércoles, papá salía a vender en el pueblo. - ¿Había colectividad judía en General Villegas? - Ninguna. Recuerdo que por 1931 apareció una familia Levi, que estuvo pocos años. El era zapatero, tenía cinco hijas y un hijo manco al que querían casar con mi hermana. Mi tío Aarón, que vivía con nosotros, rezaba las oraciones en hebreo todas las mañanas, poniéndose en la cabeza una carpetita en forma de kipá (gorrita) con la cual a veces salía, sin darse cuenta, a la calle. Mi tío hablaba cinco idiomas, entre otros el djudeo español .- El negocio sólo cerraba en Iom Kipur (día del Ayuno y el Perdón Divino) y un cartelito anunciaba: "cerrado por balance".- ¿Qué anécdotas tenés? - En Villegas cursé la escuela primaria. En el segundo grado nos pegaba la maestra, Srita. Balán. Usábamos gorra de vasco, que debíamos sacárnosla cuando saludábamos a las mujeres; si no lo hacíamos nos tiraban de las orejas hasta dejárnoslas rojas. En 1933, recuerdo, hubo una gran invasión de langostas; las paredes se pusieron negras y tuvieron que eliminarlas con aplanadoras. En una ocasión, un zapatero italiano, cuando yo jugaba con su hijo a la pelota, agarró su cuchillo de zapatero y me dijo jugando: " te corto, te corto", y me hizo un corte en la pierna izquierda. Todavía tengo la marca. En Villegas me recibí de tenedor de libros en 1934. Mi hermana Victoria, debió estudiar obligatoriamente, en el Colegio, religión católica. En 1936 enferma papá y mamá lo trae a Buenos Aires, donde lamentablemente fallece. - ¿Y el negocio? - Quedó en manos de mi tío Aarón y de mamá, quien siempre viajaba con frecuencia a Buenos Aires, para comprar mercadería. Lo hacía en tren, que le ponía unas 4 o 5 horas para hacer el trayecto a Plaza Once.- En 1937, habíamos estado en Buenos Aires para celebrar mi Bar Mitzvá (los 13 años) junto a mi familia , Baruj Barnatán y mis tíos Aarón y Nissim Cohen, en el entonces pequeño templo de la calle Camargo, donde me puse los tefilim (filacterias que se ponen sobre la cabeza y el brazo izquierdo, frente al corazón, en señal de sometimiento a las leyes divinas). Aparte inaugu-ramos, en el cementerio de Ciudadela, la tumba de papá. El primero fue un acontecimiento muy feliz y el otro muy triste y peno-so. En 1939 nos mudamos a Buenos Aires. -- Después de tanto tiempo ¿cómo recordás a Villegas? - Lo recuerdo como un pueblo agrícola-ganadero, de casas bajas, con dos cines, simpático y económicamente progresista. Había muchos ingleses, exposiciones y ventas de ganado, con la intervención casi permanente del martillero Bullrich. Allí tenía amigos. Jugábamos a la pelota y con el trompo y las bolitas. Con ellos y mi familia, pasé una infancia y adolescencia feliz.

EL TORTONI Y EL IZMIR

Hechos y anécdotas que revelan la relación entre dos cafés de estilos muy diferentes y a la vez tan porteños.


El Izmir y Gurruchaga

El barrio de Villa Crespo se había convertido en los primeros años del siglo XX en un verdadero crisol de razas, por lo que se ha podido definir a la calle Gurruchaga, entre Camargo y Triunvirato (Corrientes), donde estaba el café, como devenida en “un colorido sainete de Vacarezza”. (8)

Muy cerca del café Izmir, a apenas tres cuadras, sobre la calle Serrano 148, se encontraba un núcleo habitacional muy particular: las piezas en alquiler en las que Alberto Vacarezza se había inspirado para escribir “El Conventillo de la Paloma”, famoso sainete que tendría un espectacular éxito en 1929. La obra reflejaba con genialidad los nuevos prototipos porteños que fueron apareciendo con la llegada de la inmigración y cuya impronta modificaría el paisaje de la ciudad. En los conventillos e inquilinatos convivían el criollo, el tano, el gallego, el ruso, el turco, etc., y el barrio se fue caracterizando por la convivencia y dinámica relación entre las diversas etnias.

Gurruchaga fue la calle que concentró la inmigración sefaradí, llegada, sobre todo, de Turquía, (habla: "ladino"- castellano antiguo) y de Siria y Líbano (habla: árabe), otros grupos de menor proporción arribaron de Palestina, Egipto, Grecia, Bulgaria, Marruecos, España, Portugal y norte de Africa, que hablaban tanto "ladino" como español moderno. (9)

“En Gurruchaga al 400, a juzgar por los comentarios de vecinos de aquella época, ‘la gente se cruzaba de vereda de aquí a allá’ como si fuera ‘peatonal, una feria, un mercado persa’... Los vendedores ambulantes ofrecían sus telas, ropa usada, plumeros y los más diversos artículos que uno pueda imaginarse, aunque lo más codiciado eran los manjares típicos, delicias paradisíacas para los sefaradíes.” (10)

Algunas de esas exquisiteces tradicionales, que sonaban tan extrañas al oído del criollo eran: reshas (dulces en formas de ochos, con sésamo), mulupitas (redonda, tipo vainilla), sham malí (galletitas de sémola con azúcar y media almendra cubierta con jalea), boyos (suerte de empanada redonda de hojaldre: de acelga, queso o berenjena), burekitas (pequeña empanada rellena de queso, huevo o berenjena, cubiertas con sésamo), kadaif (postre con almíbar, relleno de nueces), baklavá (masitas de nuez con jalea dulce), etc. (11) y los más conocidos y menos elaborados huevos duros, almendras tostadas, semillitas saladas de girasol o zapallo, castañas asadas, etc., etc.

“En este torbellino urbano cada oficio callejero agregaba su cuota de variedad y así se cruzaban el zapatero remendón, con su caja de herramientas apoyada en la espalda, con el fabricante de yogur casero que hacía firuletes con su bandejón, apurando el reparto a su selecta clientela de los inquilinatos; al mismo tiempo los carros de verduleros, meloneros o cesteros pregonaban su mercancía arrimándose al cordón.” (12)

Características del Café Izmir

Allí se erguía el Izmir, en el medio de Gurruchaga, en el corazón mismo de esa sugestiva y pintoresca cuadra porteña que emulaba una calleja de la Esmirna del siglo XIX. Oriente parecía haberse trasladado a Buenos Aires. La simple planta rectangular del local, alargada hacia el fondo y los dos amplios ventanales, separados por una doble puerta vaivén, no evidenciaban para un transeúnte ocasional lo que en verdad era y significaba el interior de ese “Café y Bar”, tal como lo definía la inscripción de la delicada chapa enlozada azul y blanca, que se exhibía a la derecha de la entrada.

Un largo mostrador, originariamente ubicado en el fondo, ocupaba todo el ancho del salón, luego pasaría a estar casi a la entrada, a la derecha. Mesas rectangulares de madera y sillas estilo vienés conformaban parte de su mobiliario. Afiches de propaganda con dibujos de candorosas figuras femeninas con talle de avispa - según la moda “divito” impuesta en los años cuarenta - promocionaban gaseosas, bebidas alcohólicas o un famoso analgésico. Un cuadro, pintado al óleo, representaba un pequeño grupo de hombres sentados en semicírculo, sobre una alfombra persa, compartiendo una gran pipa.

Aquellas paredes, con pequeños espejos romboidales, fueron pintadas, según pasaron los años, de “blanco, verde azulado o rojo ladrillo” (13) y decoradas, además, con arabescos y dibujos con palmeras que simulaban un oasis en el desierto. Imágenes de siluetas danzantes ocres y doradas recordaban “Las mil y una noches”, agregando al ambiente, sin duda, cierto grado de exotismo.

Personalidad del dueño

Verdadera torre de Babel, rica en relaciones multicolores, requería una personalidad especial que mantuviera el equilibrio y la armonía del lugar. Rafael Alejandro Alboger fue entonces el caballero que pudo recibir cordialmente a ese aluvión oriental que deseaba encontrar un ámbito mágico que le hiciera soñar y recordar su terruño.

“...Alboger dominaba todo... era una suerte de ‘caudillo’... o ‘sacerdote laico’... un hombre que inspiraba respeto... simpático, muy simpático. Demostraba haber vivido mucho; tenía lo que llamamos ‘estaño’, que era el lugar donde en el café uno se apoya y se entera de todas las cosas, las buenas y las malas; donde se daban consejos y se adquiría experiencia. El había vivido”, afirma el propietario del solar, Dr. Alvarez Estrada y coincidiendo con estas sugerentes palabras Alejandro B. ratifica con cierta influencia hollywoodense: “... tenía un tipo de presencia, no sé cómo decirte, viste las películas americanas que el dueño del bar o del ‘cabarute’ es un tipo ‘bien plantado’, así lo veía yo a este señor Alejandro Alboger... Era un tipo que no se le iba a ir de las manos si había algún despelote dentro de ese café.”

Los testimonios concuerdan en que el dueño del Izmir tenía, además de carácter, un trato agradable y paternal. Anfitrión predispuesto a la ayuda, cooperaba con varias entidades benéficas existentes en el barrio, incluido el “Pro - Hogar Policial de la Sección 27”. La buena relación con la comisaría, le permitía cada tanto hacer alguna gestión para que las autoridades agilizaran la libertad de algún demorado por la policía, en tiempos en que los inmigrantes carecían de documentación totalmente en regla o cuando eran penados por un hecho menor. Cabe destacar que, incluso, algunos oficiales gustaban presenciar, en sus días francos, el show de música y danza que se representaba en el local los fines de semana, atraídos por un espectáculo artístico cuya estética era poco común en Buenos Aires.

Al compás de las horas

Convivían en el café distintos tipos de personajes. Uno de ellos, que llegaba por la mañana, cumplía con una misión social, tal vez sin saberlo: leía con gran habilidad el diario al revés, mientras divertía con su don a los parroquianos, a algunos de ellos, que no sabían leer, los ponía al tanto de las últimas noticias. Pero también hay recuerdos que deslizan cierto desdén o envidia por algún paisano que hacía notar su prosperidad en el recinto: "... siempre caminaba con un clavel en el ojal para espamento, un tipo que se movía para todos lados y con el dedo siempre señalaba." No obstante, era frecuente que alguien del pequeño grupo de mejor posición social, por solidaridad o alarde, invitara una vuelta de anís o café a las mesas.

Muchos de los asistentes eran hombres que vivían en los inquilinatos de los alrededores y los casados solían tener varios hijos. Una actividad laboral habitual era la compraventa de los más variados artículos, sobre todo enseres hogareños: camas, mesas, sillas, veladores y aun ropa, muchas veces usada. El negocio de saldos no le iba a la zaga. Salían muy temprano a “timbrear” por los barrios de la ciudad y pueblos de la provincia de Buenos Aires. Como no era oportuno molestar en horas de la tarde, en tiempos en que era costumbre dormir la siesta, regresaban al mediodía con el producto de su labor a los locales especializados del ramo. Nos ilustra el testimonio de una vecina: “... no había televisión... no se iban a quedar con su esposa y cinco hijos a mirarse las caras dentro de una habitación, se iban al café Izmir a encontrarse con sus amigos de toda la vida”.

Es sabido que los sefaradíes siguieron hablando fielmente por generaciones el "ladino" o “Djudezmo”, aquel castellano antiguo que se llevaron de España, atesorado como la mayor de sus riquezas y que, como en sagrado ritual, para cada situación encontraban la sabiduría en sus “dichos y refranes", muy importantes en su vida cotidiana, a tal punto que uno de ellos, afirma: "El turco (sefaradí) no tiene leyes, tiene refranes". Muchos de éstos nos ayudan a entender el espíritu alegre y optimista que en las vicisitudes animó tanto a los sefaradíes del siglo XV como a los llegados a la Argentina en los primeros años del siglo XX, por ejemplo ¡ Iá cumimos, iá bivimos y al Dió bindizimos!

Lugar casi exclusivo para hombres, los tiempos del Izmir estaban bien marcados. Las mañanas eran serenas. Las tardes dedicadas al pasatiempo a través de las charlas y el juego. Las mayores manifestaciones de euforia y regocijo ocurrían al caer el sol; las comidas típicas regadas de licores espirituosos subían el voltaje en tanto el ritmo de la música les evocaba sus distantes pueblos de mar.

Música y Manjares

Don Alboger tenía una importante colección de discos de pasta griegos y turcos. La música se abría paso hasta la calle, entre el humo espeso del tabaco y el de la cocción de los shishes (carne picada o trozos de cordero o hígado asados al carbón en unos pinches metálicos) servidos al plato o dentro de una pita - pan árabe - a modo de sandwich. Era tradicional una “picada” llamada “mezé“, compuesta por una variedad de platitos típicos: queso blanco de cabra, aceitunas, rabanitos, pepinos, huevo duro, etc., y el infaltable “rakí”, anís, que muchas veces era convertido en un líquido de aspecto lechoso debido al agregado de agua. El juego de naipes, especialmente “loba” o “pastra”, y el “table” (similar al backgamon), eran parte del entretenimiento del lugar.

Pero esos hombres deliraban cuando tocaba la orquesta oriental: mandolín, laúd, kanún (instrumento de cuerda ejecutado con plectros), pandereta, dumblek (tambor pequeño), violín, etc. La llegada de los músicos y las bailarinas, en horas de la noche, habitualmente los viernes y fines de semana, era todo un acontecimiento barrial: “... cerraban las ventanas pero tenía las cortinas... y siempre un gauchito que las corría un poquito y se veía..." asegura Nicolás D.. Muchos vecinos y "purretes" (jóvenes) se agolpaban en la entrada para escuchar la música o "pispear" (observar) y adentro, rememora Sergio S., "... no había lugar, era tipo cancha de Atlanta... lleno hasta el fondo, era una cosa impresionante... Me impactaba ver llegar al Izmir a los músicos que tenían un pequeño ‘tabladito’ en el medio... Y la mina (bailarina) estaba vestida... con todo dorado con perlas, todas agarradas hasta acá, el corpiño... se le veía el ‘pupi’ (señala el ombligo) y con una bombacha de gasa y bailando descalza.”

Así como preservaron el castellano antiguo hablado en la España medieval, el agrado por la música turca y por los “velos endemoniados de las odaliscas” fueron comunes en los sefaradíes. Estas, entre otras costumbres, provenían del antiguo Imperio Otomano, en el que habían vivido sus ancestros por más de cinco siglos, luego de las expulsiones de la Península Ibérica a fines del siglo XV. La tolerancia otomana permitió un trato respetuoso y la esperanza en el futuro fue posible, lo que no era poco. Parte de esa cultura se incorporó a sus tradiciones a través de muchas generaciones y, por lógica, se vio acrecentada por la lejanía de sus países de origen.

La “música turca” era ciertamente popular y el baile coronaba un sutil efecto de seducción. Perviven en el recuerdo famosas bailarinas: Madame Jeannette, Flora, Madame Flash, Milí, las Livías y renombrados bailarines como Abraham Sadrinas que, al son de la danza, hacía equilibrio con una botella en su cabeza, mientras golpeaba dos cucharas a modo de castañuelas. Elías Bajar, aplaudido también por el excelso e intuitivo arte de sus movimientos. No es de extrañar, entonces, la gran expectativa con que eran aguardadas las memorables “nochadas” del Izmir.
Trascendencia del Izmir

A este lugar pintoresco llegaba gente de otros barrios: Flores, el Centro, La Boca, Palermo e inclusive del interior y aún de la ciudad de Montevideo. Aunque con una mayoritaria presencia sefaradí, no faltaban griegos, armenios y de otras colectividades. “No había odios... en paz”, afirman los testimonios. Si unos pocos vecinos observaban con algún reparo la presencia de “músicos y odaliscas”, es sugestivo y ampliamente revelador que los hijos de aquellos primeros habitués coincidan en que para sus padres "el Izmir fue su segundo hogar por más de treinta años." o "Mi papá iba siempre a ese café, estaban él... sus amigos... todos los que vivían en esa cuadra y sus alrededores, todos paraban ahí a la tardecita a tomar un café a charlar de algunas cosas que sucedían en su época...”. Existe un sincero sentimiento de “orgullo” por ese café al que se lo consideraba, además, una verdadera “institución... y secretaría informal de la comunidad”. (14) Muchos de sus concurrentes completaban el número necesario para iniciar los rezos en el Gran Templo Sefaradí, ubicado a la vuelta, sobre la calle Camargo 870.

Es evidente el fuerte sentido de pertenencia que experimentaban los que se agrupaban en el café, tal como lo sintetiza el siguiente testimonio: “El Izmir era el más poderoso... el primero, el más frecuentado y el más conocido... todos los turcos iban... Días de semana y fines de semana también... Alboger tenía el café siempre lleno... En vez de ir al cine se decía... me voy de Alboger, me siento ahí dos horas y veo bailar... era el lugar para encontrarse y hablar de todo”

Emblemas porteños

Buenos Aires, ciudad añeja e inmortal, es también fruto de la diversidad que le otorga coherencia aun a sus contradicciones. Urbe obstinada en su perpetua recreación, alberga, sin embargo, espacios mitológicos, lugares fuera del tiempo, como puentes tendidos entre lo pretérito y el porvenir. Los cafés se ubican allí, en sitios que son endiosados y venerados, objetos de culto que guardan un singular halo de misterio.

La Gran Aldea del siglo XIX, devenida en Gran Metrópoli, que tal vez, como toda gran ciudad, abunda en indiferencia o frialdad, paradójicamente anida ciertos ámbitos destinados al culto de la amistad y de la nostalgia. Entre ellos se encuentran el Tortoni y el Izmir, parte del patrimonio cultural de esta ciudad e incluidos entre los veintiún cafés enumerados como “Emblemas Porteños”. (15)

Es en esta inmensa y poética ciudad en la que el “curso y recurso” de los acontecimientos tanto nos complace con la vigencia indiscutible del Tortoni, Las Violetas, el Querandí o el Café de García, por mencionar sólo algunos o con el sabor amargo por la desaparición de otros grandes como El Café de los Angelitos, El Molino o el Izmir que bajaron sus persianas por diferentes avatares.

La historia a la que suele definírsela como “el acontecer del hombre en el tiempo” y que parece ser impredecible, por suerte, nos deja algunas certezas. De lo que estamos seguros es que los nombres de Rafael Alejandro Alboger y Yaco Alboher, esos dos hermanos que alguna vez partieron con sus sueños de Izmir, han quedado sellados en la memoria de dos cafés históricos. Rafael Alejandro que pasó por el Tortoni y fue dueño del Izmir, hasta su fallecimiento, en 1965, logrando que su comercio fuera un reconocido referente oriental y Yaco, mozo y luego accionista del Tortoni; después de su muerte en 1998, el apellido permanece ligado al café a través de sus hijos, Víctor y Luis, que heredaron la relación contractual con la sociedad.

Cierre del Izmir e ingreso a la Historia

El señor tiempo, inexorable, cumple su labor. El café Izmir, mantuvo las características mencionadas hasta fines de los años 60. Don Alboger falleció inesperadamente el 29 de abril de 1965, haciéndose cargo del local, transitoriamente, sus dos yernos, “Nusi” y Alberto, hasta 1969, cuando la familia Rodríguez, asturiana, compró el fondo de comercio. Por entonces habían quedado unos pocos “turcos” y el espíritu oriental casi no existía. En los años siguientes sus habitués fueron, en su mayoría, los albañiles y empleados de las oficinas de la zona.

Si hoy nos detuviéramos frente al Café Izmir nos podría pasar como una medianoche a Adán Buenosayres, que creyéndolo cerrado, se demoró unos instantes ante sus persianas y pudo percibir el “... olor del anís dulce y del tabaco” y ” una canción asiática... salmodiada por cierta voz... sobre un fondo musical de laúd o de cítara”. Acaso filosofemos como él unos instantes sobre la vida y la muerte.

Adán “... se saca el chambergo, del que caen dos o tres hojitas resecas y enjuga con su mano las gotas de la lluvia que le corren por la cara. Luego reanuda su andar, calle arriba." (16) Mientras, nosotros imaginamos a Rafael Alejandro Alboger esbozando su sonrisa nostálgica cuando evocamos al Izmir, el que con absoluta justicia ha sido considerado “Café Notable” y “... parte de la esencia porteña" (17)

Cerró sus puertas el 9 de octubre de 2000, cuando ya no era ni la sombra de lo que había sido. Detrás de sus cortinas metálicas, hoy enmohecidas, ese Olimpo rectangular, en ruinas, con sus paredes descascaradas y sin vida, enmarcan un interior silencioso y oscuro que atesora, sin embargo, historias de un tiempo pletórico de vida y energía. Aún parecen resonar la música y las palmas que acompañan el ritmo y la danza de las bellas odaliscas, las voces, los murmullos y las risas abriéndose paso a través del espeso humo y los sueños y las utopías de aquellos días tan distintos y lejanos. Nosotros nos convertimos hoy en custodios de la memoria, en tanto duendes de otros tiempos merodean la calle Gurruchaga, echan un vistazo dolorido al gastado mármol del umbral y, como esperando un milagro, sacuden las persianas bajas del famoso y eterno “Café Izmir”.
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